– Te volví a vencer ¡pagame! - decía Cristian con insistencia..
– Esta bien, no necesitas gritar en frente de todos que ganaste y obtuviste mejor nota en los exámenes, toma, aquí tienes el dinero prometido.- Rob se mostraba nervioso y empecinado.
– Esta escena la he vivido tantas veces en mi vida, tú pagándome.
– Si lo se, pero habrá una apuesta en la que no me vencerás.
– ¿Como sucedería ese milagro?- decía con petulancia el vencedor.
– Bueno quizá...
– ¡Hola chicos! ¿quien ganó esta vez?- interrumpiendo a Rob llegaba Johanna, la novia de Cristian.
– Adivina.
– Tú, era lógico. Bueno si ya terminaron quisiera irme.
– Bien mi amor, adiós Rob, gracias por perder nuevamente.
Rob solo se mordía los labios, mientras la pareja se alejaba. Él había sido derrotado en algo más que conocimientos por Cristian, también en el plano deportivo, popularidad y lo más importante el amor, siempre había amado a Johanna en silencio, pero hasta eso le arrebataban. La idea de una competencia que pudiese ganar lo tenía obsesionado, pensaba en un plan seguro para obtener su victoria, odiaba tanto a Cristian que no importaba lo que tuviese que hacer para vencerlo. Después de algunas noches de insomnio la esperada idea se presentó, como un fino hilo que comienza a tenerse.
Era el penúltimo día de clases, Rob había llamado a Cristian para hablar con al:
– ¿De que quieres conversar?
– Tengo una proposición que hacerte, la apuesta en la que venceré.
– Y ¿donde hallaste algo tan fantástico?
– No digas estupideces ¿aceptaras?
– Todavía no se de que se trata.
– Te prometo que en el futuro te haré caer de tu pedestal y contigo todos los seres que estén a tu alrededor. - su voz sonaba convencida deseosa.
– ¿Estas hablando en serio?, me parece algo ridículo.
– Vamos o acaso ¿tienes miedo?
– No tengo miedo, pero ¿que apostaremos?
– La vida, si yo no lo consigo mi vida sera tuya, y si lo logro, tomare tu vida de todos modos.
– Pero...
– ¿Aceptas o no?
– Acepto- dijo Cristian pensando que todo era un juego, un apretón de manos sello el pacto.
Al día siguiente último de clases Rob no asistió al colegio, Cristian un poco inquieto por la conversación del día anterior fue a verlo a su casa, pero nadie le abrió. Al año siguiente ya no estaba en la escuela y su dirección no era la misma. Estos hechos preocuparon mucho a Cristian, pero al transcurrir el tiempo y los años, olvido por completo lo apostado en un parque a la sombra de un pimiento.
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